ESCENA EPISTEMOLÓGICA ENTRE DOS RODRÍGUEZ RICOCHET
Solían jugar a inventar nombres y comunicárselos a través de mensajes de texto. A Hermano y a Rodríguez Ricochet el juego les resultaba muy divertido. La escena transcurre un viernes. Rodríguez Ricochet está en el baño de su casa, como todos los viernes después del trabajo. Ese mismo día Hermano, que vive en otra ciudad, Buenos Aires, adquiere un ciclomotor. A continuación, éste, recibe un mensaje de Rodríguez Ricochet que dice:
¿Y? ¿Martiniano Poncharelo Rutaceo Velocirraptor? ¿O Ricardo Carlos Ben Goma Arismendi Nervi con Pavimonti?
Minutos después Rodríguez Ricochet recibe un mensaje de texto en su teléfono. Es de Hermano. Dice:
Augusto Zenón Pasta Ricoh Alvear Quintimil.
Rodríguez Ricochet reflexionó que Hermano rompió la lógica del juego inventando el apellido Ricoh. Y ahí el contrato implícito del juego cambió radicalmente. Escribiendo Arrascoyta o Cárdenas Riquelme o Bustamante y Cofré, lo que seduce es la conjunción de palabras, un tipo singular de disonancia auditiva. Como social, pensaba Rodríguez Ricochet. La seducción en este caso se amalgama con lo visual, con el acto de ver y leer varios apellidos pensados por otro. Sin embargo con Ricoh la cosa es diferente. La legitimación del chiste se traslada hacia el plano de la pronunciación. Precisamente hacia la invención de una forma de hacer pronunciable la letra hache. Ahora el chiste no tendrá remate ni resolución hasta tanto la hache se identifique con un sonido. A partir de ahora es necesario borrar la tradicional mudez de la hache y arrastrarla hacia el plano de lo pronunciable, o, en el peor de los casos, al de lo divisable. Hermano debió brindar explicaciones en beneficio de la salud mental de Rodríguez Ricochet, pues estas cosas siempre le generan descalabros. No se reía del chiste.
Tiempo después, en ocasión de ver el uno el cuerpo del otro encontrados en una misma cocina, Hermano convirtió la explicación del chiste en un chiste, y Rodríguez Ricochet sonrió espontáneamente. Hermano, que es técnico en psicoantropofrayingenierilicenciaturías, concluyó que difícilmente nada por fuera de la epistemología, o algo así.
Hola. Voltaire señalaba a quienes andaban por las mismas tierras que él , que la virtud tiene que ser ejercida por amor y no por miedo (Ver Fraude, en su Diccionario Filosófico).
Bien venidos a Tintas y Trazos.
Leandro Trillo.
lunes, 18 de julio de 2011
viernes, 15 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - 2011
DICIENDO DE LA OFICINA
Con la queja a flor de piel Rodríguez Ricochet comenta a Juan cuanto daña a su cuerpo la oficina en la que trabaja. Juan, desde otra ciudad, le escribe a Rodríguez Ricochet en ese Mayo.
Por la oficina también pasa la vida. Mira…
A veces como menesterosa
Arrastrada, pedigüeña, zaparrastrosa
Otras, disfrazada de errónea, confusa, ajena, malentendida
A veces la vida camina por la oficina
A veces la vida camina por la oficina
en las piernas hermosas de una oficinista
o ilumina con los ojos luminosos de una contable
o anda volando por el aire acondicionado
con los cabellos de la archivista
o sube la humedad ambiente con una boca cereza
Pero… quedó dicho, a veces… demasiadas veces
Anda mezquina, moralista, impávida – la vida –
Por la oficina
Parece que da condiciones de posibilidad de grises días
La oficina
A veces
parece que pocas,
anda el amor en la oficina
Entonces la vida retoza entre cajones,
biblioratos, oscuras planillas
Pero es raro que eso pase
En la oficina
Con la queja a flor de piel Rodríguez Ricochet comenta a Juan cuanto daña a su cuerpo la oficina en la que trabaja. Juan, desde otra ciudad, le escribe a Rodríguez Ricochet en ese Mayo.
Por la oficina también pasa la vida. Mira…
A veces como menesterosa
Arrastrada, pedigüeña, zaparrastrosa
Otras, disfrazada de errónea, confusa, ajena, malentendida
A veces la vida camina por la oficina
A veces la vida camina por la oficina
en las piernas hermosas de una oficinista
o ilumina con los ojos luminosos de una contable
o anda volando por el aire acondicionado
con los cabellos de la archivista
o sube la humedad ambiente con una boca cereza
Pero… quedó dicho, a veces… demasiadas veces
Anda mezquina, moralista, impávida – la vida –
Por la oficina
Parece que da condiciones de posibilidad de grises días
La oficina
A veces
parece que pocas,
anda el amor en la oficina
Entonces la vida retoza entre cajones,
biblioratos, oscuras planillas
Pero es raro que eso pase
En la oficina
miércoles, 13 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - LEANDRO TRILLO - 2011
RODRIGUEZ RICOCHET AGARRANDO UNA METÁFORA
“… con esa claridad que brinda la luz de una sola vela en una sala amplia”. Alejandro Dumas había hallado tal observación súper precisa y Rodríguez Ricochet se enteraba de ella en ese momento de la noche. Estaba en la cama, no se había desvestido, ni había comido nada desde el mediodía. El mecanismo a través del que se introyectan las cosas se da, o por repetición disciplinaria o por imitación inmediata, espontánea, fundada en una intuición desmedida, como inconmensurable. Pues ahora prestaba excelsa atención a la claridad que brindaba su solo y amarillento velador. Lo asombroso es que pensó/intuyó que pudo divisar la claridad de Dumas perfectamente. Y así la introyección habrá pasado y perdídose en el tiempo. Ahora, estamos hablando de otra cosa, mucho más nuestra ya.
“… con esa claridad que brinda la luz de una sola vela en una sala amplia”. Alejandro Dumas había hallado tal observación súper precisa y Rodríguez Ricochet se enteraba de ella en ese momento de la noche. Estaba en la cama, no se había desvestido, ni había comido nada desde el mediodía. El mecanismo a través del que se introyectan las cosas se da, o por repetición disciplinaria o por imitación inmediata, espontánea, fundada en una intuición desmedida, como inconmensurable. Pues ahora prestaba excelsa atención a la claridad que brindaba su solo y amarillento velador. Lo asombroso es que pensó/intuyó que pudo divisar la claridad de Dumas perfectamente. Y así la introyección habrá pasado y perdídose en el tiempo. Ahora, estamos hablando de otra cosa, mucho más nuestra ya.
lunes, 11 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - LEANDRO TRILLO - 2011
RODRIGUEZ RICOCHET Y OTROS RECURSEANDO HUMANAMENTE
La situación es al menos controversial. Rodríguez Ricochet estaba en la oficina, como si hiciera falta decir algo más. Dos sujetos ni se hablan a causa de algo que la inmensa goma del tiempo ha borrado. Discusiones sin voz, distanciamientos que no suceden en el plano espacial, empolvado odio prolijamente disimulado, carreras cuya meta es el desprestigio ajeno. De la trama participan una persona profesional de la comunicación humana y otra, exclusivamente ser humano. Ser humano con pies y cabeza. Cuando es inminente el cruce en un pasillo o el encuentro involuntario en la cocina ambos personajes disimulan su perplejidad ante lo que íntimamente desearían que fuera distinto. Miran con excesiva atención un expediente que llevan siempre consigo debajo de las axilas como instrumento de precaución, como un arma que defiende del encuentro con el otro. Era Mayo cuando se hablaron por última vez. Desde finales de ese mes nunca más volvieron a mirarse. Ya es como si, en el intenso universo que supieron construir, ninguno de los dos poseyera rostro.
La situación es al menos controversial. Rodríguez Ricochet estaba en la oficina, como si hiciera falta decir algo más. Dos sujetos ni se hablan a causa de algo que la inmensa goma del tiempo ha borrado. Discusiones sin voz, distanciamientos que no suceden en el plano espacial, empolvado odio prolijamente disimulado, carreras cuya meta es el desprestigio ajeno. De la trama participan una persona profesional de la comunicación humana y otra, exclusivamente ser humano. Ser humano con pies y cabeza. Cuando es inminente el cruce en un pasillo o el encuentro involuntario en la cocina ambos personajes disimulan su perplejidad ante lo que íntimamente desearían que fuera distinto. Miran con excesiva atención un expediente que llevan siempre consigo debajo de las axilas como instrumento de precaución, como un arma que defiende del encuentro con el otro. Era Mayo cuando se hablaron por última vez. Desde finales de ese mes nunca más volvieron a mirarse. Ya es como si, en el intenso universo que supieron construir, ninguno de los dos poseyera rostro.
viernes, 8 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - LEANDRO TRILLO - 2011
RODRIGUEZ RICOCHET VISITANDO A ALGUIEN A LA TARDE
La tarde de Mayo espió a Rodríguez Ricochet y a la persona que iba a su lado y pudo corroborar que fueron a tomar cerveza artesanal a un bar y que de ahí se fueron a una plaza. Vio que en ella tranzaron sus labios, se tocaron lo que podían tocarse en una plaza – que fue mucho – y se abrazaron varias veces, por largo tiempo. Después pudo ver cómo se levantaron y se fueron. Por más subrepticios que fueron sus movimientos, no pudieron esquivar la óptica que la tarde había posado sobre ellos. La tarde estaba en todas partes. El fenómeno es asombroso. Y fue así que los siguió hasta una casa. Entró con ellos y siguió espiando. Vio como una de esas personas se metía en la boca el cuerpo de la otra y fue testigo de un sabroso y prolongado instante. Después, observó como una de las personas apoyó la espalda sobre un sillón nuevo y hermoso y cómo la otra distanció sus rodillas la una de la otra, rodeando la mitad del cuerpo que tenía debajo con sus ante piernas. Se agachó aun más, y vio cómo sacó la lengua hasta que su moderada melena cubrió lo que podía verse de su cara, de su boca y de sus cachetes. Vio que la otra persona tardó en poner sus manos sobre esa cabeza, que hacia rato estaba inclinada, hasta que finalmente fue testigo de cómo el pelo fue recogido desde la nuca y direccionado de arriba hacia abajo. La tarde no vio que se vertieran modificaciones en las posiciones de los cuerpos. La espalda siguió apoyada donde estaba y el pelo continuó siendo sujetado y manipulado con vetas escasas de salvajismo. La tarde observó el acabose y el momento en que uno se sacó la remera y quitó la de la otra persona. Después vio como se frotaron durante un rato y cuando se pintó la noche, la tarde observadora se fue y ocupó su lugar el frío oscuro. Mayor cautela ante la nueva espía. Ésta no vio más que una lenta puesta de remeras y un despreocupado proceso de asepsia bucal mediante la técnica de buches en la pileta de la cocina. Como no lo había hecho hasta el momento, Madre podría llegar de un instante a otro. Y convenía que los encuentre tomando mate, o estudiando, o fumando o jugando al estanciero.
La tarde de Mayo espió a Rodríguez Ricochet y a la persona que iba a su lado y pudo corroborar que fueron a tomar cerveza artesanal a un bar y que de ahí se fueron a una plaza. Vio que en ella tranzaron sus labios, se tocaron lo que podían tocarse en una plaza – que fue mucho – y se abrazaron varias veces, por largo tiempo. Después pudo ver cómo se levantaron y se fueron. Por más subrepticios que fueron sus movimientos, no pudieron esquivar la óptica que la tarde había posado sobre ellos. La tarde estaba en todas partes. El fenómeno es asombroso. Y fue así que los siguió hasta una casa. Entró con ellos y siguió espiando. Vio como una de esas personas se metía en la boca el cuerpo de la otra y fue testigo de un sabroso y prolongado instante. Después, observó como una de las personas apoyó la espalda sobre un sillón nuevo y hermoso y cómo la otra distanció sus rodillas la una de la otra, rodeando la mitad del cuerpo que tenía debajo con sus ante piernas. Se agachó aun más, y vio cómo sacó la lengua hasta que su moderada melena cubrió lo que podía verse de su cara, de su boca y de sus cachetes. Vio que la otra persona tardó en poner sus manos sobre esa cabeza, que hacia rato estaba inclinada, hasta que finalmente fue testigo de cómo el pelo fue recogido desde la nuca y direccionado de arriba hacia abajo. La tarde no vio que se vertieran modificaciones en las posiciones de los cuerpos. La espalda siguió apoyada donde estaba y el pelo continuó siendo sujetado y manipulado con vetas escasas de salvajismo. La tarde observó el acabose y el momento en que uno se sacó la remera y quitó la de la otra persona. Después vio como se frotaron durante un rato y cuando se pintó la noche, la tarde observadora se fue y ocupó su lugar el frío oscuro. Mayor cautela ante la nueva espía. Ésta no vio más que una lenta puesta de remeras y un despreocupado proceso de asepsia bucal mediante la técnica de buches en la pileta de la cocina. Como no lo había hecho hasta el momento, Madre podría llegar de un instante a otro. Y convenía que los encuentre tomando mate, o estudiando, o fumando o jugando al estanciero.
miércoles, 6 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - LEANDRO TRILLO - 2011
RODRIGUEZ RICOCHET ARMANDO ALBUMES CON UNA SOLA FOTO
Ni bien sucedido, se tomaba un trago. De repente, lo escupía. En ese pequeño segundo, parecía que no le gustaba. Luego, se tomaba otro. Ese pasaba. Después, coincidían en la cocina. De pronto, aparecían apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto. Más tarde, se miraban. Al cabo de un rato, se servían del sabor de la soda fresca. En ese mismo instante, no volvían a aparecer apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto sino que, como de la nada, aparecían apoyados en la mesada besos respetuosos y toqueteos no tanto. Minutos después, miraban un cuadro. Transcurrido un breve lapso de tiempo, no volvían a servirse del sabor de la soda fresca sino que se servían del sabor de la soda fresca. Pasados unos momentos, no volvían a empezar, sino que empezaban. Pasado un rato, se tomaba un trago. Parecía que le gustaba. Más tarde, no volvían a coincidir en la cocina, sino que coincidían en la cocina. Largos segundos pasaban, y no volvían a aparecer apoyados en la mesada besos casi irrespetuosos y toqueteos no tanto sino que aparecían apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto.
El cronista, dejándolos solos, se fue y, sin él, es imposible saber ya cómo transcurrirán las escenas siguientes. Miraba la escena desde algún afuera y concluía que no existe la repetición. Parecía no ser cierto ese discurso que tanto repetía a causa de que tanto creía en él. Los señaladores de tiempo discursivo, inexactos e imprecisos, parecían así poder demostrárselo. Parecía no haber más que un instante. Parecía que no había más que un universo entero en cada uno.
Ni bien sucedido, se tomaba un trago. De repente, lo escupía. En ese pequeño segundo, parecía que no le gustaba. Luego, se tomaba otro. Ese pasaba. Después, coincidían en la cocina. De pronto, aparecían apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto. Más tarde, se miraban. Al cabo de un rato, se servían del sabor de la soda fresca. En ese mismo instante, no volvían a aparecer apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto sino que, como de la nada, aparecían apoyados en la mesada besos respetuosos y toqueteos no tanto. Minutos después, miraban un cuadro. Transcurrido un breve lapso de tiempo, no volvían a servirse del sabor de la soda fresca sino que se servían del sabor de la soda fresca. Pasados unos momentos, no volvían a empezar, sino que empezaban. Pasado un rato, se tomaba un trago. Parecía que le gustaba. Más tarde, no volvían a coincidir en la cocina, sino que coincidían en la cocina. Largos segundos pasaban, y no volvían a aparecer apoyados en la mesada besos casi irrespetuosos y toqueteos no tanto sino que aparecían apoyados en la mesada besos casi respetuosos y toqueteos no tanto.
El cronista, dejándolos solos, se fue y, sin él, es imposible saber ya cómo transcurrirán las escenas siguientes. Miraba la escena desde algún afuera y concluía que no existe la repetición. Parecía no ser cierto ese discurso que tanto repetía a causa de que tanto creía en él. Los señaladores de tiempo discursivo, inexactos e imprecisos, parecían así poder demostrárselo. Parecía no haber más que un instante. Parecía que no había más que un universo entero en cada uno.
viernes, 1 de julio de 2011
ESCENAS RETRATADAS CON PALABRAS - LEANDRO TRILLO - 2011
ESCENOGRAFÍA DE RODRÍGUEZ RICOCHET
Nadaba, cantaba, gustaba de la soda fresca, se peinaba, corría, hacía arpegios en la guitarra, jugaba juegos de mesa. Todo ello con frecuencia, como todo junto, como lo que se ve de cualquier otra persona. Conocía el fragmento, anunciaba cosas y rara vez pensaba en política.
La calle era una puesta teatral en movimiento perpetuo. Escenografías, disfrazadas y disfrazados, payasos, el barro y el marfil en convivencia alternada, plantas, algunas luces, veredas que albergan a unos por la mañana y a otros por la noche, negocios alucinantes con los mostradores repletos de caries.
Por eso Rodríguez Ricochet, así es su apellido, es como quien merodea por entre escenas. Protagonista de álbumes de una sola foto. O de dos, como mucho.
La continuidad, la linealidad, el afecto por la predicción, terminarán, tarde o temprano, por abandonar el cuerpo de Rodríguez Ricochet.
Nadaba, cantaba, gustaba de la soda fresca, se peinaba, corría, hacía arpegios en la guitarra, jugaba juegos de mesa. Todo ello con frecuencia, como todo junto, como lo que se ve de cualquier otra persona. Conocía el fragmento, anunciaba cosas y rara vez pensaba en política.
La calle era una puesta teatral en movimiento perpetuo. Escenografías, disfrazadas y disfrazados, payasos, el barro y el marfil en convivencia alternada, plantas, algunas luces, veredas que albergan a unos por la mañana y a otros por la noche, negocios alucinantes con los mostradores repletos de caries.
Por eso Rodríguez Ricochet, así es su apellido, es como quien merodea por entre escenas. Protagonista de álbumes de una sola foto. O de dos, como mucho.
La continuidad, la linealidad, el afecto por la predicción, terminarán, tarde o temprano, por abandonar el cuerpo de Rodríguez Ricochet.
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